La estructura social de los leones es fascinante. Forman manadas con una jerarquía propia de las grandes empresas del ser humano. Machos y hembras conviven juntos, pero siempre existe un mando por mucho que este sea cambiante. Cuando el líder empieza a dar muestras de vejez o incapacidad, es desplazado dentro del grupo e incluso puede llegar a ser expulsado del mismo, siendo condenado a vagar en soledad por una tierra que un día fue suya. En el Vicente Calderón se asistió a una de esas luchas por la jerarquía, en la que el león adulto al que en un tiempo no tan lejano pertenecía toda la sabana se vio desplazado por otro más joven, fuerte e inteligente. Que quizás se convierta en el nuevo rey de la selva.
Hace un año, el felino ayer derrotado sufrió un ataque casi mortal de otra manada del norte. Con el tiempo consiguió curar sus heridas y, pese a que era obvio que ya no estaba en condiciones de liderar y proteger al resto, se mantuvo al frente. A pesar de ser evidentes los achaques propios de la edad, seguía manteniendo el orgullo y la vitalidad justas para asestar algún zarpazo que evitase las dudas del resto. El del Santiago Bernabéu, el del Etihad Stadium, incluso la Supercopa ganada (sin ganar) ante este joven león dan buena muestra de ello.
Cuentan que en su momento llegó a ser el indiscutible rey de la selva. Que nadie se atrevía a discutir su supremacía. Hace ya tiempo que había perdido ese estatus pero al menos le quedaba la manada. En Madrid la perdió. El resto de animales de la selva ya lo veían venir. Aún así les fue imposible no sorprenderse con la actitud del león en su derrota. No luchó. Amagó con hacerlo, pero no se sabe por qué se quedó en eso, un amago. Agachó la cabeza y caminó lejos del resto, echando alguna mirada atrás contemplando aquello que un día fue suyo. Se dice que no ha aceptado su marcha y que planea volver y atacar al nuevo líder en cuanto este muestre algún síntoma de flaqueza. Que tenga cuidado, pues a su edad otra herida profunda podría acabar con su vida. Aunque viendo su estado actual, quizás sea lo mejor.
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jueves, 10 de abril de 2014
domingo, 6 de abril de 2014
Cuando eres el mejor
Nos gusta mucho, especialmente en el mundo del deporte, jerarquizar. Saber en todo momento quién es el primero, el segundo y el tercero. Nos entusiasma y, especialmente en el caso del fútbol, podemos pasarnos horas debatiendo sobre este ranking. A veces incluso hay quien se ve desbordado por la pasión y llega a perder los papeles. Sobre todo con alcohol de por medio. Al final, todo lo que se busca es llegar a algún tipo de consenso, que no es otra cosa que reforzar nuestra propia opinión, que ha podido sufrir alguna modificación durante la discusión. Se pretende definir quien es el mejor. ¿Por qué? Porque ser el mejor es lo que todo el mundo busca. Dentro y fuera del ámbito futbolístico.
"El Bayern de Munich es el mejor". Esta frase se lleva repitiendo desde que Guardiola llegó a Alemania. Quizás desde antes. Puede que ya con Heynckes se dijese en alguna ocasión, aunque el consenso nunca fue tan grande. Pero ser considerado el número uno por todo el planeta tiene desventajas. Si, existe un lado negativo. Y es lo que le está pasando al conjunto de Baviera. Mejor dicho, lo que quizás le suceda. Y no es otra cosa que la posibilidad de que todos sus éxitos y récords se infravaloren. Es decir, a día de hoy si el Bayern no lograse nada más que la Bundesliga, además de los títulos ya obtenidos (Supercopa de Europa y Mundial de Clubes), el primer año de Pep se vería como un absoluto fracaso. Curioso.
Porque la escuadra alemana es campeona oficiosa, oficial lo ha sido hace una semana y media, desde el mes de diciembre. Desde el día en el que el Bayer Leverkusen, único equipo que parecía seguir la estela de los de Munich, encadenó su segunda derrota consecutiva al perder en el campo del Werder Bremen. Los diez puntos de desventaja sobre el líder parecían una rémora imposible de superar. Desde entonces, la duda ha estado en cuándo sería campeón en conjunto de Guardiola. Ahora que lo es, cuesta festejar y darle importancia a un título cuyo vencedor estaba escrito desde hace meses.
La vista se ha desviado entonces hacia la DFB Pokal y la Liga de Campeones. En la primera competición están en semifinales, y en la segunda en cuartos de final. La lógica dice que se harán con ambos trofeos. Sin embargo, como el fútbol no entiende de estas lides, la realidad es que, aún sabiendo todos que es el mejor, nadie puede asegurar que esto sucederá tal y como se supone que pasará. Además, cuenta con la desventaja de que, siendo el mejor, quedar segundo no es un consuelo. Es un fracaso. No le serviría, pues, excusarse en un mal partido. Ni en otro tipo de factores externos.
La duda es: ¿Dónde está el límite? ¿Cuál es la frontera que permitirá a Guardiola salir triunfante de su primera temporada en la Bundesliga? ¿Le bastará solo con la DFB Pokal además de la Bundesliga? ¿O se le exige la Liga de Campeones? ¿Y qué pasará si se convierte en campeón de Europa pero no consigue conquistar la Copa en una final ante, por ejemplo, el Borussia Dortmund? ¿Sería un fracaso al no ser capaz de repetir el triplete que sí logró Jupp Heynckes? De momento, en esto no hay consenso.
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jueves, 20 de marzo de 2014
Miércoles de resurrección
"Dios aprieta, pero no ahoga", pensaba David Moyes mientras caminaba hacia el túnel de vestuarios. Su equipo, tras deambular toda la temporada sumido en una especie de coma hasta ahora irreversible, volvió a abrir los ojos. Es posible que haya sido solo un espasmo. Una respuesta a un estímulo externo que se quede en una anécdota. En cualquier caso, tras recibir el pasado domingo el último disparo en el pecho, el paciente parece haber despertado. Lo extraño es que la mejoría no responde a ninguna medicina. Tras toda la campaña en declive, sin razón aparente el comatoso ha decidido luchar. Cuando su médico, que no acaba de mostrarse optimista, parecía darlo todo por perdido, el enfermo se recupera. La magia de la vida. Y la del fútbol.
Este deporte está rodeado de una mística que muchas veces supera cualquier tipo de lógica. El "Teatro de los Sueños" se ha convertido este año en una tumba que ha visto a su equipo perder las dos competiciones coperas. Ha asistido a humillaciones públicas, algunas ante rivales de medio pelo, y tras el esperpento visto ante el Liverpool, todo parecía listo para ver cómo desconectaban a su querido United del respirador que le mantenía vivo. Y entonces, despertó. Se dieron una serie de condiciones, entre las que hay que destacar la fortuna, pero el muerto ha vuelto a la vida. Sin hacer nada del otro mundo, los hombres de David Moyes se han metido en los cuartos de final de la Liga de Campeones. Todo apunta a que ese es su límite. El tiempo dirá.
Hay quien le atribuye el mérito a Van Persie, quien considera que el hombre más importante de los de Manchester fue Wayne Rooney y quien diga que sin la actuación de De Gea nada de esto habría sido posible. A ninguno le falta razón. Pero al final, la clave estuvo en la fe. La creencia en que el sueño imposible no lo era tanto. Apelando a la épica, aquello en lo que basan sus argumentos los grandes equipos cuando no están en disposición de hablar de fútbol. Para ello, Moyes metió a Giggs en el once con la esperanza de que el altísimo le concediese un respiro. Implorando al cielo para prolongar la carrera europea del galés un par de semanas más. Le salió la jugada al escocés.
El United no hizo nada para meter tres goles, pero el Olympiakos sí lo hizo para encajarlos. Un error de Holebas y otro de Roberto, ya sea en la colocación de la barrera o en perder de vista el balón, fueron el principio y el final de la remontada. Los de Old Trafford fueron superiores en las áreas. Una cualidad en la que Ferguson cimentó la conquista de su última Premier League. Y en la que quizás debería incidir Moyes de cara a los que queda de temporada. Unas hipotéticas semifinales le darían un crédito sobre el que cimentar su próximo proyecto. Se huele una renovación profunda en Manchester este verano. La duda reside en si es el ex del Everton quien debe afrontarla.
Este deporte está rodeado de una mística que muchas veces supera cualquier tipo de lógica. El "Teatro de los Sueños" se ha convertido este año en una tumba que ha visto a su equipo perder las dos competiciones coperas. Ha asistido a humillaciones públicas, algunas ante rivales de medio pelo, y tras el esperpento visto ante el Liverpool, todo parecía listo para ver cómo desconectaban a su querido United del respirador que le mantenía vivo. Y entonces, despertó. Se dieron una serie de condiciones, entre las que hay que destacar la fortuna, pero el muerto ha vuelto a la vida. Sin hacer nada del otro mundo, los hombres de David Moyes se han metido en los cuartos de final de la Liga de Campeones. Todo apunta a que ese es su límite. El tiempo dirá.
Hay quien le atribuye el mérito a Van Persie, quien considera que el hombre más importante de los de Manchester fue Wayne Rooney y quien diga que sin la actuación de De Gea nada de esto habría sido posible. A ninguno le falta razón. Pero al final, la clave estuvo en la fe. La creencia en que el sueño imposible no lo era tanto. Apelando a la épica, aquello en lo que basan sus argumentos los grandes equipos cuando no están en disposición de hablar de fútbol. Para ello, Moyes metió a Giggs en el once con la esperanza de que el altísimo le concediese un respiro. Implorando al cielo para prolongar la carrera europea del galés un par de semanas más. Le salió la jugada al escocés.
El United no hizo nada para meter tres goles, pero el Olympiakos sí lo hizo para encajarlos. Un error de Holebas y otro de Roberto, ya sea en la colocación de la barrera o en perder de vista el balón, fueron el principio y el final de la remontada. Los de Old Trafford fueron superiores en las áreas. Una cualidad en la que Ferguson cimentó la conquista de su última Premier League. Y en la que quizás debería incidir Moyes de cara a los que queda de temporada. Unas hipotéticas semifinales le darían un crédito sobre el que cimentar su próximo proyecto. Se huele una renovación profunda en Manchester este verano. La duda reside en si es el ex del Everton quien debe afrontarla.
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miércoles, 26 de febrero de 2014
Karim apunta a Lisboa
Muchas acepciones negativas se le han atribuído a
Benzema desde su llegada a Madrid. Al francés se le ha tachado de ser un
vividor, un jugador sin compromiso y de no esforzarse lo suficiente. Anoche
volvió a demostrar que cuando está, es un futbolista diferencial. Y consigue elevar
el nivel del equipo capitalino a altares en los que hasta ahora solo parecían
moverse el Bayern de Guardiola y el PSG de Ibrahimovic. La exhibición de Karim
catapultó a la escuadra visitante a lograr una goleada única que reafirma el excelso
estado de forma del equipo merengue y de su trío atacante.
Es evidente que enfrente se encontraba un rival que
bastante ha hecho llegando hasta los octavos de final. El Schalke 04 tiene
cosas interesantes. La profundidad por los costados y la eficacia goleadora de
Huntelaar están fuera de toda duda. Con eso le llega para ir superando
contrincantes en la Bundesliga, pero cuando enfrente está un conjunto de la
enjundia de este Real Madrid, esas armas como única baza resultan ridículas. Si
a esto se le suma que los centrocampistas nunca tuvieron claro si estirarse o
resguardarse tenemos el resultado final de esta contienda.
Dispuso Ancelotti sobre el terreno de juego el once
de gala para la Liga de Campeones. La única duda suele estar en los laterales,
donde Marcelo parece ganar en jerarquía a Coentrao mientras Carvajal se turna
con Arbeloa en esta clase de encuentros. De nuevo, el equipo se parte con
Bale-Benzema-Cristiano haciendo la guerra por su cuenta. El Schalke lo confió
todo a su teórica superioridad por las bandas. La idea era que Meyer generase
un dos contra uno en los costados para que Farfán y Draxler pudiesen surtir de
envíos a uno de los mejores rematadores del mundo, Huntelaar. El resto, a tapar
huecos.
Comenzó dominante el Real Madrid. Posesión estéril
por la alta presión del rival, incomodando la salida del balón. No le molestaba
a los merengues, a quienes no parece importarles jugar en corto o meter envíos
en largo. Avisó la escuadra alemana con una internada de Farfán que cabeceó sin
potencia Huntelaar a los diez minutos. Fue toda la tregua que le dio el equipo
capitalino a los de Gelsenkirchen. Una combinación entre Bale y Cristiano le
cayó a Benzema, que pasaba por ahí, y el francés hizo el 0-1. Quisieron asustar
los de azul. No comprendieron que un león no se amilana frente a un ratón.
Entró por la derecha de nuevo Farfán y su centro se
lo comieron Ramos y Pepe. Draxler, a bocajarro, celebraba la igualada cuando
Casillas volvió a demostrar que tiene dotes de adivinador. El capitán sacó una
mano imposible para destruir el sueño del Schalke 04. Poco después Benzema le
robaba el cuero a Santana y asistía a Bale, que se deshizo de dos contrarios con
la facilidad de quien se sacude la solapa de la cazadora y anotó el segundo. A
partir de ahí pudo golear el Madrid, pero Cristiano quería dejar algo para el
segundo tiempo. Un zarpazo al poste y un mano a mano mal ejecutado del portugués
permitieron que el castigo no fuese de escándalo al entretiempo.
Tras el descanso volvieron a rebelarse los alemanes,
escenificado en un lanzamiento de Farfán que despejó Iker. Sacó la guillotina
Cristiano para solventar cualquier intento de golpe de estado. El portugués se
marchó de Matip con una de esas bicicletas que tanto le gustaban en su etapa en
Manchester y metió el tercero. Poco después Benzema combinó con Ronaldo, éste
se la devolvió de tacón y Karim hizo el 0-4. Con la eliminatoria sentenciada
bajó algo el ritmo el cuadro de Ancelotti, que por inercia siguió generando
oportunidades. Y, sobre todo, continuó sin concederlas.
Un balón recuperado por Pepe le sirvió a Ramos para
asistir a Bale, habilitado por milímetros, que acomodó el golpeo con el empeine
ante la salida de Färhmann. Pudo completar Cristiano el set, pero primero lo
evitó su mala puntería y después Karim, en su único error de la noche, al
arrebatarle al portugués un envío de Marcelo que solo tendría que empujar. Por
insistencia acabó metiendo el Madrid el sexto. Benzema se redimió de su fallo
anterior y dejó a Ronaldo mano a mano con el arquero. Esta vez no hubo errores.
Huntelaar quiso dejar patente su calidad en el tiempo añadido al enviar a la
escuadra una volea que acabó con el récord de Casillas.
El resultado final escenifica la abismal diferencia
que existió sobre el terreno de juego entre ambos contendientes. La idea de
Ancelotti de dejar a Bale, Benzema y Cristiano solos ante el peligro sigue dándole
mucho rédito al entrenador italiano. No se tiene claro todavía si el Real
Madrid quiere o no el esférico, pero esa cuestión no parece atormentar en
absoluto al técnico merengue. Con ese 4-3-3 en el que Modric y Di María están
muy pendientes de tapar los huecos parece haber encontrado su estilo el club
merengue. La solidez en ambas áreas es diferencial para una plantilla abocada
al éxito.
Al Schalke 04 le tocó la mala fortuna de bailar con
la más fea. El equipo alemán le habría presentado más batalla a la mayoría de
los demás conjuntos con los que podría haber quedado emparejado. Tiene
jugadores con mucha calidad, pero también una rigidez de su cuarteto defensivo
que le condena ante una escuadra de semejante explosividad ofensiva. Si
consigue pulir esos defectos y potenciar sus virtudes, puede convertirse en una
escuadra capaz de darle un susto a más de uno en un futuro no muy lejano.
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viernes, 25 de octubre de 2013
Luces... ¿o sombras?
20 de octubre de 2013. Estadio Artemio Franchi. Minuto 15 de partido. Los seguidores locales aprovechan que el juego está parado para atender a Bonucci y entonan un canto que un servidor no puede apreciar. Aunque deduzco que va en contra de la Juventus o de su entrenador. Antonio Conte acompaña los últimos segundos del cántico con una sonrisa irónica. Moviendo los brazos al compás, simulando ser el director del coro. Al finalizar, aplaude de nuevo con gran ironía a los aficionados viola. Estos le responden con una sonora pitada. Su equipo, la Juventus de Turín, va empatando a ceros. Pero domina y parece mejor plantada sobre el terreno de juego. No intuía ni por asomo el varapalo que se iban a llevar sus hombres en Florencia. De nuevo malas sensaciones, y un duelo el miércoles en el Bernabéu que podría dejarle en una posición delicada en Liga de Campeones. Y se enfrentaba a un Real Madrid que venía de completar un buen encuentro contra el Málaga. Carlo Ancelotti ha sido muy discutido en este inicio de campeonato, y parecía al fin empezar a ver la luz al final del túnel. El partido de Liga de Campeones podía relanzar a uno y meter al otro en una situación complicada. O volver a meter en el disparadero al ex del PSG y dar un respiro al otrora capitán bianconero.
Y al término del choque, sucedió algo bastante común pero también engañoso... Ambos salen reforzados y ambos salen perjudicados. Según como se quiera ver. ¿En qué salen reforzados? El Real Madrid suma una victoria ante un rival de prestigio, y deja prácticamente vista para sentencia su clasificación para octavos de final. Además el triunfo se ve como una continuación de buenos resultados (cuatro victorias consecutivas) que le deja en una buena situación de cara al Clásico. Un partido en el que además su rival acumula dos partidos seguidos sin ganar. La Juventus se marcha del Santiago Bernabéu con una más que decente actuación global. Con 11 hombres sobre el campo dominó durante varias fases del encuentro y tuvo varias llegadas con mucho peligro. Con un jugador menos, aguantó el marcador hasta el final y acabó provocando los pitos de los aficionados merengues contra su escuadra. Además, se marcha con la sensación de que solamente el arbitraje impidió sacar algo positivo.
¿Qué es lo negativo? El Real Madrid vuelve a encajar, esta vez en un error que propicia que primero Pogba y después Llorente rematen solos. No solo eso, sino que concede bastantes llegadas que acaban con varios disparos con mucho peligro. De hecho su rival remata más veces que él a los largo de los 90 minutos. Sigue demostrando que le cuesta llevar el peso del choque pero tampoco domina del todo lo de ceder el balón y salir al contragolpe. No es capaz de cerrar el choque ante un conjunto con un jugador menos durante más de media hora. Y sigue teniendo a Benzema con una crisis de confianza bestial. Por su parte la Juventus suma su segunda derrota en tres días. Seis goles en dos partidos. Ya sé que solo son números, pero me parecen significativos. Poco plan tras la expulsión. Debería haber arriesgado algo ante un rival que estaba especulando. No generó ocasiones más allá de la incertidumbre que se provoca en un encuentro que no está sentenciado en el tramo final. La actuación de Chiellini, aunque sea uno de los mejores centrales europeos, estuvo muy lejos de ser buena. Y la situación en la que se queda no es límite, pero casi. Todo apunta a que el duelo de la última jornada en Estambul contra el Galatasaray decidirá el pase de la Juventus. No parece un escenario muy apetecible para la Vecchia Signora.
Y al término del choque, sucedió algo bastante común pero también engañoso... Ambos salen reforzados y ambos salen perjudicados. Según como se quiera ver. ¿En qué salen reforzados? El Real Madrid suma una victoria ante un rival de prestigio, y deja prácticamente vista para sentencia su clasificación para octavos de final. Además el triunfo se ve como una continuación de buenos resultados (cuatro victorias consecutivas) que le deja en una buena situación de cara al Clásico. Un partido en el que además su rival acumula dos partidos seguidos sin ganar. La Juventus se marcha del Santiago Bernabéu con una más que decente actuación global. Con 11 hombres sobre el campo dominó durante varias fases del encuentro y tuvo varias llegadas con mucho peligro. Con un jugador menos, aguantó el marcador hasta el final y acabó provocando los pitos de los aficionados merengues contra su escuadra. Además, se marcha con la sensación de que solamente el arbitraje impidió sacar algo positivo.
¿Qué es lo negativo? El Real Madrid vuelve a encajar, esta vez en un error que propicia que primero Pogba y después Llorente rematen solos. No solo eso, sino que concede bastantes llegadas que acaban con varios disparos con mucho peligro. De hecho su rival remata más veces que él a los largo de los 90 minutos. Sigue demostrando que le cuesta llevar el peso del choque pero tampoco domina del todo lo de ceder el balón y salir al contragolpe. No es capaz de cerrar el choque ante un conjunto con un jugador menos durante más de media hora. Y sigue teniendo a Benzema con una crisis de confianza bestial. Por su parte la Juventus suma su segunda derrota en tres días. Seis goles en dos partidos. Ya sé que solo son números, pero me parecen significativos. Poco plan tras la expulsión. Debería haber arriesgado algo ante un rival que estaba especulando. No generó ocasiones más allá de la incertidumbre que se provoca en un encuentro que no está sentenciado en el tramo final. La actuación de Chiellini, aunque sea uno de los mejores centrales europeos, estuvo muy lejos de ser buena. Y la situación en la que se queda no es límite, pero casi. Todo apunta a que el duelo de la última jornada en Estambul contra el Galatasaray decidirá el pase de la Juventus. No parece un escenario muy apetecible para la Vecchia Signora.
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